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del libro ALABANZAS Y ALUCINACIONES
HIMNO DE APERTURA.
"Vamos, alucinado", gritó una vez el Hombre ante una caravana
de querubines que se le encimaban con sus dardos.
Tensó la cuerda y un ósculo de ilustrativa sensatez
traspuso la corola de sus sueños.
Peregrino y ocioso, sin justificar tendencias pontificales,
dejó a un lado los corrillos, las exigencias de la época,
traspuso los laudos festinados y comenzó a aderezar tropos,
alegorías y sermones.
Impenitente llegó a desgarrar sonetos de martirizantes nieblas.
Hoy, qué inmensa vida interior, qué fuegos se atribuye,
qué ritual lo envuelve como a un tabú.
El poeta sigue en el temblor y el extasis,
ardiendo en la minúscula inmensidad de los elegidos,
con sus bromas, sus aciertos, presidiendo el ámbito
de los que en un crepúsculo cualquiera,
se destrozaron contra la belleza.
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